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Adultos mayores

Personas con diabetes, control y cuidado de los pies.

  • Dra. Ma. Andrea Sverdlick . Servicio de Nutrición. Hospital de Clínicas José de San Martín, Buenos Aires


  • El pie del paciente diabético es, quizá, el sitio del organismo en el que resulta más evidente el efecto devastador de las complicaciones vasculares y neuropáticas que se presentan en mayor o menor grado a lo largo de la evolución de la diabetes mellitus.

     

    El pie diabético es considerado un problema de salud pública, tanto por su gran frecuencia como por su importante costo sanitario. Por estas razones, se debe prevenir su aparición a través de la educación del equipo de salud, los enfermos y la población (haciendo hincapié en la prevención), el examen anual en salud de todo el pie para categorizar su grado de riesgo, y la evaluación de los factores de riesgo generales.

     

    Diversos factores, tanto extrínsecos como intrínsecos, son causales del pie diabético.

    Dentro de los factores intrínsecos se encuentran:

    • Edad > 45 años.
    • Sexo masculino.
    • Hiperglucemia persistente.
    • Hipertrigliceridemia.
    • Inmunocompromiso.
    • Hábitos sedentarios y obesidad.
    • Neuropatía periférica.
    • Angiopatía.
    • Osteoartropatía.
    • Ceguera por retinopatía. 
    • Como factores extrínsecos se incluyen:

    Traumatismos:


    • Mecánicos.
    • Químicos.
    • Térmicos.
    • Tabaquismo.
    • Alcoholismo.
    • Riesgos ocupacionales.
    • Falta de educación diabetológica.
    • Falta de movilidad y confinamiento en cama.
    • Nivel socio-económico bajo.

    Las lesiones del pie se desarrollan por tres componentes patogénicos básicos que pueden actuar individualmente o interrelacionarse:

    La macroangiopatía.
    La neuropatía.
    Las alteraciones ortopédicas.
    Un traumatismo, sea externo o interno, ocasionará hiperqueratosis o una ampolla que se ulcerará. Si esto no se cura, se infectará, posiblemente desencadenando una gangrena que puede llevar a la amputación del miembro e incluso a la muerte del paciente.

     

    La alteración vascular de miembros inferiores es menos frecuente que la neuropatía, pero cuando está presente aumenta el riesgo de amputación y de muerte inmediata y a largo plazo. (Foto 1)

     

    Dentro de la localización anatómica, en los pacientes diabéticos predomina la oclusión de la femoral superficial, el territorio distal (tronco tibioperoneo o sus ramas), o el compromiso de varios territorios. En muchos casos es asintomático, expresándose en otros por claudicación intermitente, dolor de reposo, necrosis o gangrena.

     

    La neuropatía es la complicación crónica más frecuente de la diabetes mellitus y es la base fundamental en la fisiopatología del pie diabético. Se ven afectados los miembros inferiores y se interrelacionan la neuropatía periférica sensitiva, motora, autonómica y la osteoartropatía. Afecta al 50% de los diabéticos con antigüedad de la enfermedad superior a los 15 años, especialmente los mal controlados. Hay mayor riesgo de úlceras de pie y mayor riesgo de amputación. (Foto 2)

     

    Con respecto a las alteraciones ortopédicas, la diabetes produce alteraciones por la neuropatía motora y la osteoartropatía, pudiendo también ocasionarse por otras causas (por ejemplo vasculares), como en los individuos no diabéticos.

     

    Las alteraciones biodinámicas del pie, el aumento de la presión plantar con deformaciones óseas y la limitación de la movilidad articular aumentan el riesgo de úlceras y amputaciones.

     

    La prevención y el tratamiento del pie diabético deben incluir:

    Educación del equipo de salud, de la población y de los enfermos.
    Examen anual y educación de los pacientes en la observación y autocuidado diario del pie.
    Detección precoz de las lesiones y tratamiento integral de las mismas.
    Control adecuado de la diabetes.
    Búsqueda y control de los factores de riesgo de la aterosclerosis, como tabaquismo, dislipidemia e hipertensión.
    Tratamiento de la vasculopatía y neuropatía.
    Autocuidados del pie diabético

    Los autocuidados deben ir dirigidos a dos puntos principales: el pie y las prendas que sirven para proteger el pie. El diabético debe realizar diariamente una higiene y observación meticulosa de su pie, así como tener una serie de precauciones. Para eso están recomendadas las siguientes indicaciones:

     

    1. Inspeccionar diariamente los pies para observar la posible presencia de ampollas, grietas o erosiones. Cualquier desgarro de la piel constituye un área potencial de infección y debe ser tratado con sumo cuidado 

    Como algunas personas, sobre todo mayores, encuentran dificultad para observarse la planta del pie, usar un espejo para observar la planta de los pies y entre los dedos. Si es necesario, solicitar colaboración a algún familiar.
    En el caso de desgarro de la piel se debe limpiar suavemente la región con jabón y agua tibia. Aplicar un antiséptico suave y no coloreado y recubrir la zona con un apósito estéril. No se debe aplicar un esparadrapo adhesivo de tela, sino uno hipoalergénico, teniendo cuidado de no comprimir los dedos por completo para evitar cortar la circulación de la sangre.
    Tampoco se debe poner un apósito oclusivo.
    Si la región llegara a inflamarse, será necesario consultar al médico o al podólogo.
    Concurrir al médico inmediatamente si tiene una ampolla, úlcera o herida o si aparecen callos, hinchazón, enrojecimiento o ulceración aunque sea indolora.
    Durante la visita al médico, siempre quitarse los zapatos y las medias para que el médico revise los pies. Realizar visitas regulares (más de una vez al año) para las inspecciones del pie.

    2. Mantener los pies limpios, secos y suaves

    La ducha corporal es la mejor forma de lavar diariamente los pies usando un jabón suave y neutro. Evitar los baños exclusivos ya que maceran la piel o pueden ser demasiado calientes (si el paciente tiene una neuropatía con afectación termoalgésica puede estar literalmente hirviéndose los pies a 60 o 70 grados sin tener sensación de quemarse).
    El agua debe ser tibia. Antes de introducir el pie, debe comprobar la temperatura del agua con el codo o el brazo para verificar que no esté muy caliente.
    El baño no debe superar los 5-10 minutos para evitar dañar la piel, puesto que una prolongación excesiva del tiempo en que los pies permanezcan dentro del agua producirá maceración de la piel y una pérdida excesiva de la capa córnea.
    Si el paciente tiene dificultad en llegar a los pies, puede utilizar un cepillo blando de mango largo; nunca cepillos de cerdas fuertes, para evitar producir erosiones en la piel.
    Proceder a un buen enjuague y a un exhaustivo secado, sobre todo entre los dedos. Secar meticulosamente con una toalla suave sin frotar vigorosamente. La piel se secará por presión, no por fricción, utilizando talco para la humedad entre los dedos. Mantener los dedos y las zonas entre los mismos limpios y secos.
    Aplicar una crema hidratante/emoliente si la piel de los pies está muy seca. En la planta de los pies, después de lavarse y cuando aun esté húmeda, aplicar crema hidratante para devolver la elasticidad y el grado de hidratación a la piel. No colocar crema entre los dedos para evitar maceraciones. En caso de hiperqueratosis o grietas se puede utilizar una crema hidratante a base de lanolina 1 ó 2 veces por día después de un correcto lavado y secado de los pies. Otra opción es el uso coadyuvante de cremas con vitamina A que estimulan el recambio de los queratinocitos y la síntesis de colágeno en la dermis. Por último, en caso de fisuras, están indicados los antisépticos suaves y que no tiñan la piel.
    No realizar largas caminatas (ir de compras) inmediatamente después del baño, para permitir que la piel se recupere y que la crema se absorba, de lo contrario se pueden causar lesiones por roce. 
    3. Procurar evitar cualquier lesión en los pies, para lo que debe tener en cuenta lo siguiente: 
    No utilizar instrumentos cortantes ni punzantes (tijeras, cuchillas, alicates, agujas).
    Evitar la sequedad excesiva y las grietas.
    Evitar la humedad en los pies y el uso de zapatos o medias húmedos, especialmente en invierno.
    Tener cuidado con el corte de las uñas: cortar las uñas rectas, no redondeadas, limarlas suavemente para evitar que se “encarnen”. Para esto hay que utilizar limas de cartón, procurando que esta operación la haga un podólogo o un familiar.
    No cortar las callosidades y durezas, ya que se podrían producir infecciones debido a la mala manipulación y al uso de material inadecuado. Recurrir a un podólogo.
    No utilizar agentes químicos como callicidas, ya que pueden producir quemaduras en la piel.
    No caminar sin calzado. Utilizar zapatillas amplias en lugares como playas o piscinas.
    No caminar sobre arena o piso caliente.
    Resguardar los pies con protectores solares y evitar sus quemaduras. 
    4. Evitar las temperaturas extremas en todo momento. 
    No colocar compresas heladas, en caso de sentir los pies calientes.
    En invierno, no colocar los pies y piernas muy cerca de estufas, calefactores, etc., para evitar problemas circulatorios. Se deben aplicar masajes y caminar para elevar poco a poco la temperatura.
    Probar la temperatura del agua del baño con el codo antes de mojar el pie para evitar posibles quemaduras por falta de sensibilidad.
    Usar medias flojas, de algodón o lana para dormir en caso de sentir los pies fríos por la noche.
    Tener cuidado con la calefacción del auto durante viajes largos. 
    5. Ejercicios físicos

    El paciente diabético debe estar bien compensado para la realización de ejercicios físicos. La diabetes no es un impedimento para esto, puesto que hay atletas de alta competición que son diabéticos.
    Los niños pueden realizar ejercicios físicos del tipo de baja resistencia o aeróbicos como correr, fútbol, ciclismo, etc. Para esto es necesario tener en cuenta el tipo de calzado a usar, debiendo utilizarse el adecuado a cada deporte controlando después del ejercicio que no existan daños en la piel.
    En cuanto a las personas añosas (tercera edad) deben caminar diariamente y pueden realizar los siguientes ejercicios: 
    Girar los pies por los tobillos unas diez veces.
    Mover hacia atrás y hacia adelante el pie por el tobillo unas diez veces.
    Moverse los dedos de los pies con las manos.
    Darse masajes suaves en las piernas y pies para facilitar la circulación.

    Prendas que sirven para proteger el pie

    Medias

    Nunca camine sin las medias. Hay que procurar que las medias sean anchas para permitir la movilidad de los dedos. Además no deben replegarse.
    No se deben usar las medias con bandas elásticas ni ligas que puedan restringir la circulación de la sangre. No utilizar panty-medias que aprieten las piernas.
    No utilizar medias con costuras ni remendadas, por los posibles roces que pueden producir.
    Tampoco se deben utilizar medias que sean 100% de material sintético, ya que no permiten la evaporación de la transpiración y el sudor que favorece la maceración de la piel.
    Utilizar medias que sean totalmente de algodón o de mezclas de lana, algodón o hilo.

    Calzado 
    Usar un calzado bien adaptado es vital para el pie, por lo que debe ser preferiblemente de puntera redondeada que permita los movimientos de los dedos y con cordones que den una buena adaptación en el ancho al dorso del pie. De esta manera se puede prevenir la aparición de hiperqueratosis y helomas.
    Evitar utilizar tacos altos y zapatos puntiagudos. No utilizar zapatos con los dedos o con el talón al descubierto para evitar roces, golpes, etc.
    El material, preferentemente, debe ser de cuero para favorecer la evaporación de la transpiración. Escoger zapatos de cuero suave que se amolden a los pies. El calzado que utilice para hacer deportes debe ser muy cómodo.
    Controlar los pies cuando use zapatos nuevos. Las primeras veces es conveniente que los utilice por períodos muy cortos.
    Siempre usar los zapatos con medias.

    La diabetes mellitus continúa siendo un problema de salud pública, pues, a pesar de conocer el diagnóstico, la mayoría de los pacientes no adhiere a un tratamiento adecuado, por lo que se presentan las complicaciones. Una de éstas es el pie diabético. La primera recomendación para los pacientes y los médicos generales es evitar la aparición de esta complicación, entendiendo la importancia de la revisión diaria de los pies. Este simple hábito puede evitar así los largos y penosos tratamientos a que son sometidos los pacientes y una posible amputación.

    Fuente Revista Andrómaco en la Piel

     

     

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